Dra. Monserrat Paredes Márquez
Usar lentes o lentes de contacto forma parte de la vida diaria de muchas personas; sin embargo, lo que para algunos es cómodo, para otros, puede ser limitante o poco práctico.
Una de las preguntas más frecuentes en consulta oftalmológica es: ¿Me puedo operar para dejar de usar lentes? La respuesta no depende únicamente de cuánta graduación se tenga; para saber si una persona es candidata a cirugía refractiva se necesita una valoración oftalmológica completa, estudios especializados y una revisión cuidadosa de la salud ocular.
La cirugía refractiva no es una sola intervención, es un grupo de procedimientos diseñados para disminuir la dependencia a los lentes. Algunas técnicas como LASIK, PRK, TransPRK o SMILE actúan sobre la córnea; y otras como los lentes intraoculares fáquicos o la cirugía de cristalino con objetivo refractivo se realizan dentro del ojo [1–3]. Por ello, la pregunta más importante no es “¿Soy candidato?”, sino “¿Qué opción refractiva es segura y adecuada para mis ojos?”.
El problema visual
Antes de hablar de cirugía, es importante entender qué tipo de error refractivo tiene cada persona:
- La miopía causa dificultad para ver de lejos.
- La hipermetropía puede dificultar el enfoque, sobre todo de cerca, aunque también puede afectar la visión lejana.
- El astigmatismo produce visión borrosa o distorsionada debido a una curvatura irregular de la córnea o del cristalino.
- La presbicia, también conocida como “vista cansada”, aparece generalmente después de los 40 años y afecta principalmente la visión cercana [1,2].
La cirugía refractiva puede disminuir en gran medida la dependencia de lentes, pero no significa que una persona nunca volverá a necesitarlos. Por ejemplo, alguien que se opera por miopía o astigmatismo, años después, puede necesitar lentes por cambios propios de la edad.
La cirugía refractiva debe entenderse como una forma de mejorar la independencia visual, no como una promesa absoluta de “nunca más usar lentes”.
¿Quién suele ser un buen candidato?
En general, una persona puede ser candidata si tiene una graduación estable, ojos sanos y una córnea con características adecuadas para el procedimiento considerado [1,2].
Uno de los puntos más importantes es que la graduación no haya cambiado de forma significativa en el último año. Si la graduación sigue aumentando o cambiando, el resultado de la cirugía puede ser menos predecible.
En las cirugías láser corneales, como LASIK, PRK, TransPRK o SMILE, se modifica la forma de la córnea para mejorar el enfoque de la luz dentro del ojo. Por eso, se necesita una córnea sana, con grosor suficiente, forma regular y sin datos de enfermedades como queratocono o ectasia corneal [1,3].
Otro punto clave es la superficie ocular: el ojo seco, la blefaritis o la disfunción de las glándulas de Meibomio pueden afectar las mediciones preoperatorias, la recuperación y la calidad visual después de la cirugía. No significa que la persona nunca podrá operarse, pero sí que primero debe tratarse para estabilizar la superficie ocular [1,2].
No todo es LASIK
LASIK es una técnica en la que se crea un colgajo fino en la córnea y después se remodela el tejido corneal con láser. Suele ofrecer recuperación visual rápida, pero no siempre es la mejor opción en córneas delgadas, ojo seco significativo o personas con mayor riesgo de golpes o trauma ocular [1,2].
PRK y TransPRK son cirugías láser corneales que no requieren crear un colgajo corneal. Su recuperación suele ser más lenta y molesta durante los primeros días, pero en ciertos casos pueden ser una opción más segura [1,2].
SMILE es otra técnica láser corneal utilizada principalmente para corregir miopía y astigmatismo. A diferencia de LASIK, no requiere crear un flap amplio, por lo que puede ser una alternativa en pacientes seleccionados [3].
Existen también opciones que no modifican la córnea. En pacientes con graduaciones altas, córneas delgadas o características que no hacen recomendable una cirugía láser corneal, pueden valorarse lentes intraoculares fáquicos. Estos se colocan dentro del ojo sin retirar el cristalino natural [4,5].
En personas mayores, con presbicia importante o catarata inicial, puede considerarse cirugía de cristalino con objetivo refractivo. Dicha decisión es muy individualizada y depende de la edad, el estado del cristalino, las necesidades visuales y la salud ocular en general [1,2].
La elección no debe basarse en cuál es la más popular, la más rápida o la que el paciente desea. Cada procedimiento tiene indicaciones, límites y riesgos específicos. Un ojo puede ser buen candidato para una técnica y no para otra; y, en algunos casos, lo más seguro puede ser no operar [1,2].
Por esto, el papel del oftalmólogo no es solo decir si una persona “se puede operar”, sino orientar cuál opción ofrece el mejor equilibrio entre seguridad, estabilidad visual y calidad de visión. La decisión debe tomarse después de evaluar la graduación, edad, grosor y forma corneal, superficie ocular, retina, presión intraocular, cristalino, estilo de vida y expectativas del paciente [1–3].
Que existan muchas formas de cirugía refractiva no significa que haya una cirugía ideal para todos.
¿Quién podría no ser candidato?
Hay situaciones en las que la cirugía refractiva debe posponerse, evitarse o planearse con mucha cautela. Una persona puede no ser candidata si su graduación no está estable, si está embarazada o lactando, si tiene ojo seco moderado o severo no controlado, si existe inflamación ocular activa, infección, glaucoma no controlado, catarata significativa o enfermedades de la retina que limiten la visión [1,2].
En el caso de cirugía láser corneal, es especialmente importante descartar queratocono, sospecha de queratocono o ectasia corneal. Si la córnea tiene una forma anormal o es biomecánicamente inestable, realizar láser sobre ella puede aumentar el riesgo de complicaciones visuales [1,2]. Además, se debe tener precaución en pacientes con enfermedades autoinmunes activas, inmunodeficiencias, diabetes mal controlada o uso de medicamentos que puedan afectar la cicatrización [1,2].
Entre los estudios más importantes para conocer quién es candidato a operación están la refracción completa, idealmente comparando la graduación actual con mediciones previas; la topografía o tomografía corneal; la paquimetría; y la evaluación de la superficie ocular [1,2]. También puede ser necesario medir el tamaño pupilar en condiciones de baja iluminación, revisar la presión intraocular, valorar el cristalino y examinar la retina, especialmente en personas con miopía alta o antecedentes de lesiones retinianas [1,2].
Una buena cirugía refractiva empieza antes del láser: empieza con una valoración completa.
- Jacobs DS, Lee JK, Shen TT, Afshari NA, Bishop RJ, Keenan JD, et al. Refractive Surgery Preferred Practice Pattern®. Ophthalmology. 2023;130(3):P61-P135. doi:10.1016/j.ophtha.2022.10.032.
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