Los retos de la investigación y el arquetipo del innovador  

Dr. Roberto González Salinas  

Abordemos el tema de la innovación y concepción creativa en nuestro tiempo, con una pregunta relevante de fondo: ¿qué estructura psicológica, proceso cognitivo o esencia aleatoria convierten a un pensador ordinario en un generador de ideas y soluciones creativas que transforman su campo a través de innovaciones disruptivas? Se propone aquí que la innovación médica no es un acto fortuito de genialidad, sino la expresión de patrones motivacionales profundos que pueden ser identificados, comprendidos y esencialmente cultivados. Para el desarrollo de esta idea fundamental, se realizó un recorrido a través del tiempo, tomando la ruta de pensadores que han identificado, categorizado y analizado la estructura y el origen del pensamiento innovador; donde se incluyeron las teorías de Everett Rogers acerca de la propagación de las ideas originales en comunidades científicas inconexas; el concepto del flujo creativo de Csikszentmihalyi, extraído de su estudio sobre el estado ideal de la concepción creativa y de cómo llegar a alcanzar un estado mental que permite y estimula la innovación; el análisis de mentes extraordinarias en el ámbito general y la asociación con características análogas relevantes en pensadores en el campo de la Biomedicina, de Howard Gardner; así como el énfasis en la mentalidad de crecimiento propuesta por Carol Dweck, que resulta fundamental para entender que el origen de creaciones y avances disruptivos se encuentran al alcance de todo el que se decide a perseguirlos, sin limitantes de tipo biológico, sociocultural o demográfico.

 

El concepto teórico del arquetipo se articula en la psicología analítica de Carl Jung, quien identifica patrones universales de pensamiento, comportamientos heredados y transmitidos de generación en generación, que forman parte del inconsciente colectivo y definen la manera en que los seres humanos experimentamos el mundo, condensándose de manera orgánica en las mitos de culturas diversas, tradiciones milenarias, el origen del arte, así como en el concepto de religiones y dogmas. Se añade a esta noción la estructura narrativa del monomito de Joseph Campbell, quien propone la idea central de que estas mitologías, tradiciones orales y sagas originadas alrededor del mundo pueden sintetizarse a una estructura psicológica y narrativa universal: el innovador como un héroe moderno que atraviesa las etapas que dan inicio, sentido y cierre a su viaje, y que comienzan con una partida y exploración, seguida por una transformación y re-construcción, para culminar con un retorno al sitio de partida y completar el arco narrativo de su propia historia. Así, los arquetipos no son personalidades fijas, sino roles que el mismo individuo puede habitar en distintos momentos de su proceso creativo.

 

Los arquetipos del innovador

 

Nuestro recorrido se centra en el análisis de cinco figuras históricas realmente trascendentes para la oftalmología moderna, cada una encarnando un arquetipo psicológico dominante que se ajusta al tipo de personalidad, entorno y reacción a las circunstancias de su tiempo; una alegoría enmarcada por las etapas identificadas con el viaje del héroe del Monomito de Campbell, para redondear una descripción de los factores que contribuyeron a que nuestros personajes llegaran, a través de diferentes rutas, a descubrir el camino hacia la disrupción que los define.

Harold Ridley: El Hereje

 

Iniciamos con Harold Ridley, personificado como el arquetipo del Hereje, quien observó que las esquirlas de Perspex en los ojos de pilotos de la RAF (The Royal Air Force), no generaban inflamación y, de esa observación directa, concibió la primera lente intraocular (1949). Soportó décadas de ostracismo institucional, oposición a sus ideas e incluso campañas en su contra por organismos colegiados frente a la evidencia a favor del uso de los lentes intraoculares. Su motor: la certeza de la observación propia frente al dogma colectivo que, a la postre, terminó por imponerse y consolidarse en el canon actual de la cirugía de catarata e implante de lente intraocular.

Charles Kelman: El Artista-Ingeniero.

 

Charles Kelman, otro de los grandes innovadores de los últimos 50 años en la cirugía oftalmológica, generó un impacto determinante y duradero que culminó con el esbozo del paradigma actual de la cirugía de catarata. El saxofonista de jazz y cirujano que concibió la facoemulsificación al observar la punta de un instrumento que empleaba el ultrasonido para generar oscilaciones y vibración en la oficina de un consultorio dental, fue capaz de transferir la lógica del mecanismo y la estética práctica del diseño al quirófano. Esta transferencia tecnológica entre disciplinas no relacionadas y su vínculo con el pensamiento abstracto, se plasmó en una de las innovaciones que modelarían nuestra concepción de la cirugía oftalmológica para siempre. Doce años de prototipos fallidos antes del éxito del primer prototipo funcional y relativamente eficiente, la enfática desacreditación de contemporáneos afines y detractores, así como un impulso casi mesiánico por perseguir su visión a través de la ciencia y el arte del diseño, terminaron por definir su legado. Su principal motor: la improvisación creativa, la re-imaginación del statu quo y la intolerancia a la oposición sistemática sin fundamento.

Robert Machemer: El Explorador

 

Sin duda, uno de los innovadores más trascendentales del último siglo en la Oftalmología. Machemer diseñó en su garaje el VISC (Vitreous Infusion Suction Cutter): un diminuto instrumento que cortaba, aspiraba e inyectaba fluido simultáneamente, a partir de instrumentos sencillos como un taladro de avión, una jeringa, un tubo de succión y un huevo crudo (como sustituto del ojo). Su conocimiento básico de herramientas y rudimentos de ingeniería no fueron obstáculo para que su cadena de innovaciones culminara con la primera vitrectomía por pars plana en 1970, incidiendo a través de la esclera con bisturí, cuando se consideraba un acto imposible sin comprometer la integridad del ojo. Su motor: la certeza de que el riesgo de la acción era menor que la condena de la inacción.

Gholam Peyman: El Visionario

 

Con más de 170 patentes, visualizó el concepto del LASIK, en 1989, antes de que Pallikaris lo implementara poco tiempo después, dado a su extenso estudio del efecto de diferentes tipos de láseres en los tejidos oculares, tanto en segmento anterior como en polo posterior. Adicionalmente, introdujo la fibra óptica intraocular y creó el implante Vitrasert de liberación sostenida, así como la endoiluminación y el endoláser para cirugía de vítreo y retina. La característica principal de “Los Visionarios”, radica en la capacidad de acumular conocimiento previo e incrementar, mediante innovaciones sucesivas, un cambio que en su momento sea una disrupción a la paradigma vigente. El gran motor: la generación conceptual intrínseca, apoyada en innovaciones previas, bajo un método deductivo que va de lo general a lo particular, sin perder de vista la visión original.

 

Incluyamos en el mismo arquetipo a Loannis Pallikaris, creador del LASIK como procedimiento clínico y representante del perfeccionista que sintetiza conocimientos de otros.  Pallikaris estudió el efecto de ciertos láseres en el estroma corneal, añadiendo el uso de un microqueratomo en el abordaje de la ablación. Esto representó un peldaño más al paradigma existente para elevar el grado de precisión, e hizo de este procedimiento uno de los más realizados en el mundo entero.

Shin Yamane: El Perfeccionista Pragmático

 

Caracterizado por emplear las herramientas que se tienen a la mano para realizar una innovación radical y disruptiva. Inspirado en la filosofía japonesa del monozukuri, Yamane desarrolló la técnica de fijación intrascleral de hápticos sin suturas con agujas 30G, eliminando las complicaciones de abordajes previos, con una técnica en esencia simple, ingeniosa y que no requiere instrumental o condiciones adicionales para realizarse. La compartió de forma altruista y global siendo actualmente uno de los procedimientos más realizados en el contexto de fijación escleral de lente intraocular. Su principal motor: la protección del paciente a través del uso de los recursos existentes y una metodología en esencia simple.  

Dimensiones psicológicas comunes a todos los arquetipos

 

Más allá de las diferencias de estilo, entorno social y contexto, se identifican cinco constantes que atraviesan todos los perfiles arquetípicos como un denominador común de la cronología de los innovadores:

 

  1. La observación clínica como acto moral: el paciente no como caso a gestionar, sino como pregunta que revela la agenda pendiente y las lagunas del conocimiento que son susceptibles de ser abordadas.
  2. Tolerancia a la incertidumbre prolongada: capacidad de sostener la exploración durante años sin validación externa, enfrentando incluso un franco antagonismo, y solo sostenidos por una motivación intrínseca.
  3. Relación productiva con el fracaso: el error como diagnóstico de diseño, no como veredicto sobre el valor del proyecto.
  4. Identidades expandidas: ninguno se definía únicamente como médico, ingeniero, biomédico, filósofo o artesano, sino que cruzaban líneas entre disciplinas con una visión que permitía conexiones clave y necesaria retroalimentación.
  5. Colaboración como condición estructural: las innovaciones de mayor impacto fueron proyectos colectivos que cruzaron fronteras, ideologías e instituciones.

 

La agenda pendiente: el caso de México


La hoja de ruta que se puede visualizar en el futuro inmediato articula tres ejes de acción que, de manera necesaria, impactarían en la generación de un entorno transparente y con innovación aplicada a las necesidades más apremiantes: 1. Política pública, desde la generación, almacenamiento y disponibilidad de los datos, incluyendo un tamizaje obligatorio en el currículo médico, con énfasis en profilaxis y detención temprana. 2. Innovación tecnológica. 3. Construcción de ecosistemas colaborativos entre universidades, hospitales, e industria, con conexión a redes internacionales.

 

Conclusión

 

Independientemente de las herramientas que definan la oftalmología del futuro, las virtudes psicológicas que hacen posible la innovación seguirán siendo las mismas: 

  • Observar la realidad de la clínica y la valoración oftalmológica, seguida de la identificación de potenciales blancos terapéuticos para la generación de líneas de investigación de cada disciplina. 
  • Tratar el fracaso como información de diseño; una parte del proceso que solo contribuye al perfeccionamiento del método y el planteamiento de las preguntas relevantes.
  • Cultivar identidades profesionales lo suficientemente amplias para conectar dominios que la ultra especialización limita, abriendo camino a un esfuerzo colaborativo multidisciplinario e interinstitucional eficiente. 
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