Dr. Luis Ángel Ruiz Sánchez
Bienvenido(a) a la segunda entrega de este artículo original. La primera parte fue publicada en el volumen 11 durante el mes de julio. Si deseas leerla, accede de forma directa a través del siguiente enlace: https://www.infoofta.com/secciones/la-gaceta/vision-artificial-y-protesis-visuales-estado-actual-y-hacia-donde-vamos-segunda-parte/
Las prótesis supracoroideas representan una tercera vía retiniana. Se colocan entre esclera y coroides, evitando la penetración directa al espacio subretiniano o la fijación sobre la retina interna. Su atractivo radica en que podrían disminuir el trauma retiniano directo y simplificar algunos aspectos quirúrgicos. Bionic Vision Technologies y grupos australianos han desarrollado prototipos supracoroideos evaluados en pacientes con retinosis pigmentaria, con resultados que sugieren seguridad razonable y utilidad funcional limitada, especialmente en orientación y movilidad [7]. La resolución esperada es menor que la de implantes muy cercanos a retina interna o subretinianos, pero la relación entre seguridad, estabilidad y beneficio funcional mantiene a esta línea como una opción de interés.
Las prótesis del nervio óptico han tenido un desarrollo más limitado. En teoría, estimular el nervio óptico permitiría acceder a un punto compacto de la vía visual y evitar problemas derivados de una retina gravemente desorganizada. Los enfoques extraneurales, como el Microsystem-based Visual Interface Post-Retinal, buscaban envolver el nervio con electrodos; los enfoques intraneurales intentan introducir microelectrodos dentro del nervio aprovechando su organización retinotópica. No obstante, la anatomía del nervio óptico presenta retos mayores: alta densidad axonal, organización compleja, riesgo de daño irreversible, dificultad para obtener selectividad espacial y abordajes quirúrgicos delicados. Por ello, esta área continúa siendo más experimental que clínica.
Las prótesis corticales han recuperado protagonismo porque ofrecen una ruta independiente del ojo y del nervio óptico. El principio se basa en la generación de fosfenos mediante estimulación de la corteza visual primaria. Esta idea no es nueva: desde el siglo XX se demostró que la estimulación occipital podía producir percepciones luminosas. La diferencia actual es la disponibilidad de microelectrodos más sofisticados, algoritmos de codificación, neuroimagen, materiales biocompatibles y sistemas de procesamiento portátiles.
Orion, desarrollado originalmente por Second Sight y posteriormente relacionado con Cortigent/Cortivent, representa un enfoque epicortical: coloca electrodos sobre la superficie de la corteza visual. Su objetivo es generar patrones de fosfenos sin depender de retina o nervio óptico funcionales. Los estudios iniciales en humanos han explorado seguridad y utilidad funcional, aunque la tecnología permanece en investigación y con desafíos importantes en resolución, estabilidad de percepción, cirugía, entrenamiento y regulación [8].
Los sistemas intracorticales buscan una estimulación más focal al penetrar directamente la corteza visual con microelectrodos. Cortivis, desarrollado en Europa, e ICVP, del Illinois Institute of Technology, son ejemplos de esta línea. La ventaja potencial es obtener fosfenos más localizados y quizá patrones más complejos; la desventaja es el riesgo de gliosis, cambios tisulares, pérdida de señal, complejidad quirúrgica y necesidad de demostrar seguridad a largo plazo [9,10]. Estos sistemas son particularmente interesantes para pacientes con lesiones oculares severas, pero todavía se encuentran lejos de una aplicación clínica amplia.
La historia de las prótesis visuales puede resumirse como una transición desde la generación de fosfenos hacia la búsqueda de función visual útil. El campo comenzó con observaciones de estimulación eléctrica cerebral, continuó con prototipos corticales y retinianos, alcanzó un primer periodo comercial con Argus II y Alpha, y actualmente se reorganiza alrededor de plataformas más específicas, como PRIMA para atrofia geográfica, sistemas supracoroideos con perfiles potencialmente más seguros y prótesis corticales para ceguera no retiniana. La pregunta actual ya no es sólo si es posible producir fosfenos, sino si esos fosfenos pueden codificarse, estabilizarse y entrenarse para mejorar actividades significativas de la vida diaria.
Desde el punto de vista clínico, el beneficio debe evaluarse con criterios funcionales y no únicamente con medidas tradicionales de agudeza visual. Muchas pruebas convencionales no capturan adecuadamente la utilidad de una visión protésica de baja resolución. Por eso, los estudios suelen incluir tareas de localización de objetos, orientación, movilidad, detección de movimiento, reconocimiento de letras de alto contraste, lectura asistida, calidad de vida y desempeño con el dispositivo encendido frente a apagado. Aun así, la comparación entre estudios es difícil porque los dispositivos, enfermedades, métodos de rehabilitación y desenlaces son heterogéneos.
Los principales retos técnicos siguen siendo la resolución espacial, la selectividad de estimulación, el rango dinámico, la estabilidad a largo plazo y la biocompatibilidad. La retina y la corteza visual no funcionan como pantallas simples: procesan contraste, movimiento, bordes, color, adaptación luminosa y patrones temporales mediante circuitos altamente especializados. Traducir una imagen del mundo real a un código eléctrico interpretable por el cerebro requiere más que aumentar el número de electrodos. Se necesitan algoritmos capaces de seleccionar información relevante, reducir ruido, codificar movimiento y adaptarse a la respuesta individual del paciente.
Otro reto es la rehabilitación. La visión protésica se aprende. El paciente debe entrenar la interpretación de señales nuevas, integrar movimientos de cabeza oculares y corporales, utilizar pistas auditivas y táctiles, y desarrollar estrategias compensatorias. La expectativa de “volver a ver” debe reemplazarse por una explicación más precisa: adquirir una nueva modalidad de percepción visual artificial que puede aportar independencia parcial en tareas seleccionadas. Esta comunicación es especialmente importante en publicaciones de divulgación médica, porque evita falsas expectativas y permite valorar los avances sin sobredimensionarlos.
También existen retos éticos y de acceso. Los dispositivos son costosos, requieren cirugía altamente especializada, seguimiento prolongado, actualizaciones tecnológicas y soporte industrial. La experiencia de pacientes implantados con plataformas que después fueron descontinuadas recuerda la obligación ética de planear mantenimiento, reparación, sustitución, educación y acompañamiento. En visión artificial, la innovación no termina en el quirófano: continúa durante años en la vida cotidiana del paciente.
Conclusión
La visión artificial es uno de los campos más fascinantes y complejos de la oftalmología contemporánea. Su valor no radica en haber resuelto la ceguera, sino en demostrar que es posible crear percepciones visuales útiles al estimular distintos niveles de la vía visual. Las prótesis retinianas abrieron el camino clínico; las subretinianas y fotovoltaicas, como PRIMA, están redefiniendo posibilidades para enfermedades maculares avanzadas; las supracoroideas buscan un equilibrio entre seguridad y funcionalidad; y las corticales mantienen la promesa de ofrecer una opción a pacientes en quienes el ojo o el nervio óptico ya no pueden servir como entrada visual.
El futuro del campo dependerá de la convergencia entre microelectrónica, inteligencia artificial, neurociencia, cirugía, rehabilitación visual y regulación responsable. Para el oftalmólogo, comprender estas tecnologías es cada vez más importante: no sólo para conocer dispositivos emergentes, sino para explicar con precisión qué pueden ofrecer, a quién podrían beneficiar y cuáles son sus límites reales. La visión artificial no es todavía una cura de la ceguera, pero sí una vía científica concreta hacia nuevas formas de rehabilitación visual.
- Ayton LN, Barnes N, Dagnelie G, et al. An update on retinal prostheses. Clin Neurophysiol. 2020;131(6):1383-1398.
- Arevalo-Serrano J, Bentivoglio AR, Fernandez E. Visual prostheses: a review of the state of the art and future perspectives. J Neural Eng. 2021;18(5):051002.
- Fernández E, Alfaro A, Tormos JM, et al. Visual percepts evoked with an intracortical 96-channel microelectrode array inserted in human occipital cortex. J Clin Invest. 2021;131(23):e151331.
- Troyk P, Bak M, Berg J, et al. A model for intracortical visual prosthesis research and development. Artif Organs. 2005;29(9):743-753.





