Dr. Jim Stringham
La salud y la función de la córnea y la retina están respaldadas por varios componentes de nuestra dieta diaria, donde deben incluirse proteínas especializadas, vitaminas C, D, B12 y nutrientes como los carotenoides maculares. Sin embargo, los ácidos grasos esenciales omega-3, ácido docosahexaenoico (DHA) y ácido eicosapentaenoico (EPA) son de suma importancia [1].
De todos los ácidos grasos, estos tienen las cadenas de carbono más largas y son además insaturados; es decir, son líquidos a temperatura ambiente y tienden a no obstruir las estructuras cardiovasculares o neuronales (como sí pueden hacerlo las grasas saturadas). Gracias a su estructura y a sus excepcionales propiedades antiinflamatorias [2], aportan numerosos beneficios para la salud y el funcionamiento de los tejidos oculares.
La mejor fuente dietética de estos nutrientes son los pescados grasos o azules como el salmón, el atún, la anchoa y la caballa. Lamentablemente, la dieta promedio del mexicano no aporta ni cerca de la cantidad suficiente de DHA y EPA para mantener a nuestro organismo en niveles saludables [3]. Para obtenerla, la mejor solución a nuestro alcance es la suplementación dietética.
Idealmente, la forma de DHA y EPA en los suplementos debería ser la misma que se encuentra en el pescado. El DHA y el EPA presentes en ellos se encuentran en forma de triglicéridos, estructura en la que los ácidos grasos (como el EPA y el DHA) se agrupan de tres en tres y se unen a una columna vertebral natural: el glicerol. No obstante, el procesamiento industrial del aceite de pescado implica separar los ácidos grasos del glicerol y unirlos a una columna vertebral de alcohol sintético: el etanol. Esta forma de aceite de pescado se conoce como “éster etílico” y es la que se encuentra habitualmente en el mercado porque su producción es más económica. Pero ¡TEN CUIDADO!, el DHA y el EPA procedentes de suplementos a base de ésteres etílicos tienen una biodisponibilidad que es solo la mitad de la que ofrece la forma de triglicérido [4]; además, pueden provocar diversos efectos secundarios como eructos con sabor a pescado y reflujo ácido.
Para devolver el aceite de pescado a su forma natural —más eficaz y con mayor biodisponibilidad—, es necesario someterlo a un proceso de re-esterificación. Esto significa, que se separa el DHA y el EPA del etanol y se restituyen a su forma natural de triglicérido. El producto final se denomina “triglicérido re-esterificado”; esta es la forma de iOMG3, un suplemento nutricional con una alta concentración y una proporción equitativa de DHA y EPA, cuyos beneficios para la salud y el rendimiento de la retina y para el alivio del ojo seco han sido demostrados [5-7].
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- Van Dael P. Role of n-3 long-chain polyunsaturated fatty acids in human nutrition and health: review of recent studies and recommendations. Nutr Res Pract. 2021 Apr;15(2):137-159.
- Calder PC. Omega-3 fatty acids and inflammatory processes. Nutrients. 2010;2(3):355-374.
- Stark KD, Van Elswyk ME, Higgins MR, Weatherford CA, Salem N Jr. Global survey of the omega-3 fatty acids, docosahexaenoic acid and eicosapentaenoic acid in the blood stream of healthy adults. Prog Lipid Res. 2016 Jul;63:132-52.
- Dyerberg J, Madsen P, Møller JM, Aardestrup I, Schmidt EB. Bioavailability of marine n-3 fatty acid formulations. Prostaglandins Leukot Essent Fatty Acids. 2010 Sep;83(3):137-41.
- Kangari H, Eftekhari MH, Sardari S, Hashemi H, Salamzadeh J, Ghassemi-Broumand M, Khabazkhoob M. Consumption of oral omega-3 and dry eye syndrome. Ophthalmology. 2013 Nov;120(11):2191-6.
- Tanaka K, Farooqui AA, Siddiqi NJ, Alhomida AS, Ong WY. Effects of docosahexaenoic Acid on neurotransmission. Biomol Ther (Seoul). 2012;20(2):152-157.
- SanGiovanni JP, Chew EY. The role of omega-3 long-chain polyunsaturated fatty acids in health and disease of the retina. Prog Retin Eye Res 2005;24:87-138.





