Trauma ocular cerrado – “Lágrimas de retina”
Paciente de 18 años con trauma ocular contuso por pirotecnia. Presenta disminución visual súbita secundaria a hemorragia vítrea y prerretiniana, además de fractura coroidea macular que involucra la región foveal y agujero macular traumático.
El trauma ocular continúa siendo la principal causa de pérdida visual en edad laboral; su incidencia global se estima en ≈55 millones de casos/año, y los traumas oculares contusos constituyen ≥50 % de los traumatismos [1,2]. La hemorragia vítrea es la lesión del segmento posterior más frecuente (15–40 %), seguida por la diálisis retiniana en series pediátricas de desprendimiento (20–50 %). El agujero macular traumático y la fractura coroidea suelen asociarse a impactos de alta energía en pacientes jóvenes, representando <10 % de los casos [3]; su importancia clínica radica en el riesgo de neovascularización coroidea e impacto en déficit visual.
Dr. Alan Carpinteyro Palmer. Residente de 2.º año del Hospital para Evitar la Ceguera en México, APEC. Coyoacán, CDMX.
- Chen Q, Liang L, Shi Y, Lu F. Epidemiological and clinical characteristics of open globe injuries in Southwest China. Front Med. 7 de febrero de 2024;11:1303683. doi:10.3389/fmed.2024.1303683
- Channa R, Zafar SN, Canner JK, Haring RS, Schneider EB, Friedman DS. Epidemiology of Eye-Related Emergency Department Visits. JAMA Ophthalmol. 1 de marzo de 2016;134(3):312. doi:10.1001/jamaophthalmol.2015.5778
- Viestenz A. [Rupture of the choroid after eyeball contusion–an analysis based on the Erlangen Ocular Contusion Registry (EOCR)]. Klin Monatsbl Augenheilkd. agosto de 2004;221(8):713-9. doi:10.1055/s-2004-813266 PubMed PMID: 15343457.
Úlcera catastrófica
Paciente masculino de 45 años de edad acude a servicio de urgencias tras sufrir un trauma ocular, con una piedra, en el ojo derecho.
En la primera imagen se observa un infiltrado estromal paracentral de bordes difusos, sugestivo de una úlcera corneal. Se da tratamiento empírico a base de fortificados y se cita para seguimiento por consulta externa.
La úlcera corneal, es un proceso infeccioso agudo que ocurre por una invasión bacteriana sobre el tejido sano de la córnea. Esta puede evolucionar rápidamente amenazando la visión y con potenciales secuelas irreversibles.
El paciente perdió seguimiento y descontinuó tratamiento, regresando 1 mes después con pérdida de la visión, dolor e incapacidad para trabajar. En la segunda imagen se identifica una úlcera corneal que evolucionó a perforación y posterior endoftalmitis, requiriendo evisceración para el control de la infección.
Dr. Juan Carlos Castañeda Ramírez. Residente de segundo año de Oftalmología en el Hospital General Regional N.° 46 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Guadalajara, Jalisco.
- Koestel E, Yaïci R, Garcin T, Dormegny L, Gaucher D, Sauer A, Bouheraoua N, Bourcier T. Bacterial keratitis: a global review of current practices, challenges and innovations. Br J Ophthalmol. 2026 Jun 29:bjo-2025-328808. doi: 10.1136/bjo-2025-328808. Epub ahead of print. PMID: 42373310.
Neuritis óptica longitudinalmente extensa – “The long and winding road”
Realce del nervio óptico derecho en resonancia magnética, secuencias T1 con contraste coronal/axial, en paciente femenina de 60 años, con baja visual profunda del ojo derecho, edema de papila y posterior diagnóstico de neuromielitis óptica.
La neuritis óptica longitudinalmente extensa fue propuesta como un biomarcador que ayuda a distinguir entre el espectro de la neuromielitis óptica y la esclerosis múltiple, cuando el realce del nervio óptico es superior a 60 mm. En resonancia magnética, las lesiones suelen medir al menos 17.6 mm de longitud y afectar a tres o más segmentos del nervio. Involucran frecuentemente la porción intracanalicular e intraorbitaria.
Dr. Carlos Daniel Camargo Cáceres. Becario de Neurooftalmología de la Asociación Para Evitar la Ceguera en México, I.A.P, Ciudad de México.
- Lee, E. K., Lee, S. Y.,
Mealy MA, Whetstone A, Orman G, Izbudak I, Calabresi PA, Levy M. Longitudinally extensive optic neuritis as an MRI biomarker distinguishes neuromyelitis optica from multiple sclerosis.
doi.org/10.1016/j.jns.2015.05.013





